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Esta revista nace del hastío.
Del mío, para empezar. De ese cansancio profundo de tener que siempre escuchar esas historias de perfección a las que debía aspirar. De tener que ser siempre correcta, moderada, educada. De tener que “dar la talla”, como me decían en mi niñez, y no salirme de los márgenes. De no hacer mucho ruido, de no incomodar. De cuidar tanto las formas que me olvidé, por un tiempo, de lo que quería decir.
Durante años, muchas de nuestras historias quedaron guardadas en algún cajón, en lo privado, en voz baja. Historias que dolían, que daban rabia, que hacían pensar, pero que nunca parecían importantes. “Eso no se cuenta”, decían. Y si lo contabas, eras exagerada, malagradecida, o simplemente una quejona.
Me cansé. Y de ese cansancio nació UMBRÍGNEA
Es un espacio para hablar de lo que se nos ocurra. Tenga o no tenga que ver con salud (aunque casi siempre tiene). Porque nuestras vidas no están hechas de compartimentos separados. Porque somos muchas cosas al mismo tiempo. Y porque todo lo que vivimos, sentimos, deseamos y cuestionamos también merece ser dicho.
Voy a contar historias que me han pasado, o que me han confiado otras mujeres. Algunas duelen, otras hacen pensar, otras dan risa, y otras solo dan ganas de abrazarnos. Ojalá esta narrativa sirva para eso: para decir en voz alta lo que antes callábamos. Para hacer espacio. Para no sentirnos tan solas.
Acá no se premia la moderación.
Acá no se exige brillar todo el tiempo.
Acá tampoco venimos a dar la talla.
Umbrígnea es lo que arde en la sombra.
Lo que callábamos.
Lo que ahora decidimos contar.
Bienvenidas las historias.
Las que no se cuentan. Pero también cuentan.
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Espero que lo disfrutes.
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