Descarga el segundo número de la revista a continuación:
Gracias por seguir acá. Seguimos.
Hola, otra vez.
Gracias a todas las que descargaron el primer número, lo leyeron, lo compartieron, lo comentaron, lo sintieron. Gracias también a las que me mandaron mensajitos hermosos. Todo eso llega. Todo eso me empuja a seguir.
Y acá estamos, con el segundo número.
Esta vez vamos a hablar de una vieja conocida, esa que se disfraza de motivación, pero en realidad nos exprime hasta dejarnos vacías: la “mejor versión”.
Esa que nos prometieron si hacíamos todo bien.
Esa que nunca llega.
Esa que, para ser honesta, ya me tiene harta.
No sé cuándo comenzó esta persecución absurda. Solo sé que está en todas partes: en la salud, en la comida, en el ejercicio, en nuestras relaciones, en cómo envejecemos, en cómo nos mostramos. Como si todas tuviéramos que rendir examen para ser validadas. Como si nuestro cuerpo, nuestro estado de ánimo o nuestras decisiones fueran siempre mejorables. Como si nunca estuviéramos completas, siempre falta algo.
No vengo a dar respuestas absolutas, porque no creo que existan.
Vengo a abrir preguntas. A compartir dudas. A poner en palabras eso que tantas veces sentimos, pero no decimos, porque “no es tan grave”, “no es tan importante” o “no es para tanto, ¡exagerada!” hablar de estas cosas.
Bueno, yo digo que sí lo es. Que nuestras experiencias cotidianas también son política. Que nuestros malestares también merecen atención. Y que nuestros cuerpos no son un proyecto de mejora eterna para ser dignos.
Este número es eso: un descargo. Una forma de sacarnos de encima el “tienes que”, el “a tu edad”, el “para cuándo”.
Ojalá algo de lo que leas aquí te haga sentir menos sola. O al menos, más acompañada.
Gracias por seguir acá. Empezamos.
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Espero que lo disfrutes.
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