Estas son las historias de muchas de mis pacientas a lo largo de mi carrera como kinesióloga. Son las historias de mujeres como tú y como yo, que en su momento no logré comprender del todo.
Mi carrera estuvo marcada por mi experiencia con pacientes hospitalizados, personas que, debido a sus condiciones médicas, se encontraban cautivas en hospitales hasta mejorar y poder volver a casa. Durante ese tiempo, se les proporcionaba el cuidado necesario para su recuperación. Dependiendo de la situación, también recibían terapia kinésica.
En general, mi trabajo consistía en ayudarlas a mejorar su salud mediante terapias kinésicas: respiratorias, motoras, o lo que fuera necesario en ese momento. Una de las preguntas de rigor durante la evaluación era si practicaban algún tipo de actividad física, para conocer su relación con el ejercicio, ya que mi trabajo implicaba realizar ejercicio terapéutico. Si tenían una buena relación con la actividad física, entendida como experiencias agradables y una actitud positiva hacia el movimiento, mi labor era más fácil.
Con los pacientes varones, la mayoría practicaba algún tipo de actividad física o lo había hecho en el pasado, recordando esas experiencias con cariño, e incluso mencionando alguna que otra hazaña memorable. Cuando les preguntaba qué actividades realizaban, las respuestas eran variadas: fútbol con amigos, gimnasio, trote, bicicleta o senderismo, por mencionar algunas. Cuando les preguntaba por qué lo hacían, sus respuestas incluían: "porque me gusta", "me hace sentir bien", "me relaja", "por salud", o "para ver a mis amigos". Y cuando indagaba sobre el tiempo que le dedicaban, me decían que siempre había espacio en su rutina, porque lo consideraban necesario para sentirse bien. Para mí, sus aproximaciones al ejercicio eran excelentes y muy positivas, y en general, mi trabajo era bien recibido.
En cambio, con mis pacientas, la situación era muy distinta. La pregunta era la misma, pero sus respuestas eran completamente diferentes. Notaba una especie de molestia, agobio y ansiedad, acompañada de un sentimiento de ser juzgadas. Me miraban y decían: "Ah, pero no me rete, es que no hago nada", "no tengo tiempo, sabe", "es que no me gusta", "no sirve", o "no me siento cómoda con este cuerpo". En ese entonces, no entendía el porqué de sus respuestas. En mi cabeza me preguntaba: "¿Cómo es que no tienen tiempo?" o "¿Por qué no les gusta?" y "¿Cómo que no sirve?". Mi respuesta siempre era la misma, el mensaje que nos enseñan: "Bueno, hágase el tiempo, si no es tan difícil" y "El ejercicio es muy beneficioso para su salud, tiene que hacerlo".
Luego les explicaba en qué consistía mi trabajo, los objetivos, y en general respondían que les gustaba hacer la terapia, que no sabían que eso también podía considerarse ejercicio. A menudo decían que intentarían incorporar el ejercicio a su rutina después del alta, y yo me daba por satisfecha con esos comentarios, feliz de poder ayudar.
Sin embargo, siempre me quedó dando vueltas la marcada diferencia entre hombres y mujeres. Incluso en mi propio espacio de trabajo, mis colegas varones organizaban partidos de fútbol entre turnos, sin importar el cansancio o alguna posible lesión. Para ellos, era una oportunidad de relajarse y divertirse. Nosotras, en cambio, no teníamos esos espacios. Algunas compañeras iban juntas al gimnasio, pero era complicado: los niños, la casa, los estudios, la familia. Siempre había una "excusa", pero ¿era realmente una excusa?
En ese entonces, yo también pensaba que lo eran. Incluso para mí era difícil hacer ejercicio, a veces tenía poco tiempo y estaba muy cansada, pero creía que con mejor organización podría lograrlo. Esa era mi esperanza.
Esa esperanza cobró sentido cuando me dediqué a investigar el porqué de esta diferencia. Descubrí que, efectivamente, las mujeres hacemos menos ejercicio en comparación con los hombres. Las encuestas de salud lo reflejan (al menos en mi país, Chile). Pero no es por desorganización o pereza, sino porque nuestra relación con la actividad física es distinta.
Cuando somos niñas, nuestro primer acercamiento a la actividad física es el juego, y está segregado por género. En la escuela, los deportes también están diferenciados. A los niños se les anima a jugar en equipo, competir y disfrutar el momento. A las niñas se nos enseña a ser contenidas; no podemos hacer movimientos expansivos por temor a no parecer lo suficientemente femeninas. Y no puedes disfrutar algo cuando no te sientes completamente libre de experimentarlo. Aquí es donde se pierde el disfrute, la alegría de moverse. Crecemos contenidas y, posteriormente, supeditadas a estándares de belleza, donde el ideal de delgadez reina y otros cuerpos no tienen cabida. El ejercicio se convierte en una herramienta para alcanzar ese ideal. ¿Y qué pasa cuando no lo alcanzas o no puedes sostener el objetivo prometido? "El ejercicio no sirve." Aquí es donde se desvirtúa el verdadero potencial de la actividad física, reduciéndola a un número en la báscula.
Además, las múltiples responsabilidades de la vida adulta se suman, y la frase "es que no tengo tiempo" cobra todo el sentido. Las mujeres dedicamos más de dos horas diarias a labores de cuidado y tareas domésticas (ENUT,2023), comparado con los hombres. Esto nos coloca en una desventaja real a la hora de conciliar todas nuestras responsabilidades y añadir la práctica de actividad física.
Estos no son problemas que se puedan resolver de la noche a la mañana. Quizás muchas de ustedes ni siquiera lo sabían, como me pasó a mí. Me daba el lujo de regañar a mis pacientas por no encontrar tiempo para hacer ejercicio, sin detenerme a pensar que esto nos sucede a la mayoría. El punto es que nuestras experiencias a menudo son invisibilizadas y pasadas por alto. Como mencioné antes, quizás esto no cambie tan rápido, pero al menos conocerlo te libera de culpas y te ayuda a encontrar una forma de moverte que sea significativa para ti.
¿Quieres saber más? ¡Tengo un curso diseñado para que encuentres tu manera única de moverte, sin juicios ni estándares!
En este curso encontraras las herramientas para hacer del movimiento algo tuyo dejando de lado las presiones externas.
Bibliografía
Ramírez H, Villanueva CIG. Jorge El patio escolar y la geografía del espacio: un análisis iconográfico desde la perspectiva de género Espacios en blanco. Serie de informaciones. 2024;1:193–228.
McArthur D, Dumas A, Woodend K, Beach S, Stacey D. Factors influencing adherence to regular exercise in middle-aged women: a qualitative study to inform clinical practice. BMC Women’s Health. 2014 Mar 26;14(1).
Portela-Pino I, López-Castedo A, Martínez-Patiño MJ, Valverde-Esteve T, Domínguez-Alonso J. Gender Differences in Motivation and Barriers for The Practice of Physical Exercise in Adolescence. International Journal of Environmental Research and Public Health. 2019 Dec 25;17(1):168. https://www.mdpi.com/1660-4601/17/1/168
Rosselli M, Ermini E, Tosi B, Boddi M, Stefani L, Toncelli L, et al. Gender differences in barriers to physical activity among adolescents. Nutr Metab Cardiovasc Dis. 2020;30(9):1582–9. http://dx.doi.org/10.1016/j.numecd.2020.05.005
Martín Rodríguez M, Barriopedro Moro MI, Mateos ME. Influencia de la edad, la maternidad y el empleo en las barreras para la práctica de actividad física y deporte de las mujeres adultas en España (Influence of age, maternity and employment in barriers to practicing physical activity and sport for Spanish. Retos Digit. 2022;44:667–75. http://dx.doi.org/10.47197/retos.v44i0.88076
Bisquert Bover M, Ballester Arnal R, Gil Llario MD, Elipe Miravet M, López Fando Galdón M. Motivaciones para el ejercicio físico y su relación con la salud mental y física: un análisis desde el género. Int J Dev Educ Psychol Rev INFAD Psicol. 2020;1(1):351–60. http://dx.doi.org/10.17060/ijodaep.2020.n1.v1.1792
Wilson OWA, Colinear C, Guthrie D, Bopp M. Gender differences in college student physical activity, and campus recreational facility use, and comfort. J Am Coll Health. 2022;70(5):1315–20. http://dx.doi.org/10.1080/07448481.2020.1804388
Encuesta del Uso del Tiempo. Disponible en: https://www.ine.gob.cl/enut
Sojo Mora BL. DISCIPLINAMIENTO DEL CUERPO DE LAS MUJERES. Rev Cienc Soc. 2019;(164):181–94. http://dx.doi.org/10.15517/rcs.v0i164.38524
Zapico Robles B, E. Tuero del Prado C. Evolución histórica y educativa del deporte femenino. Una forma de exclusión social y cultural. Cuest género igual difer. 2014;(9):216. http://dx.doi.org/10.18002/cg.v0i9.1230
Escoto C, Bosques LE, Ibarra JE, Lugo CSJ. Interiorización de ideales estéticos y preocupación corporal en hombres y mujeres usuarios de gimnasio. Nemorio Barrientos Martínez. Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios/Revista Mexicana de Trastornos de la Alimentación. 2014;5:29–38.
Zheng Y, Ye W, Korivi M, Liu Y, Hong F. Gender differences in fundamental motor skills proficiency in children aged 3-6 years: A systematic review and meta-analysis. Int J Environ Res Public Health. 2022;19(14):8318. http://dx.doi.org/10.3390/ijerph19148318
Caroline Criado Pérez. La mujer invisible. Seix Barral; 2020
Wolf N, Pérez M, Manchado R. El mito de la belleza. Madrid: Continta Me Tienes; 2020.