UMBRÍGNEA N3

UMBRÍGNEA N3
Este número de Umbrígnea, como los anteriores, está dedicado a eso que nos genera culpa, insatisfacción, exigencia y control. A entender de dónde vienen esas narrativas y, tal vez, ver qué hacemos con ellas.

Descarga el Tercer número de la revista a continuación:

https://umbrignea.com

UMBRIGNEA-03-Diciembre-2025

El último tiempo se ha sentido pesado. Frustrante. Agotador.

No puedo obviar la realidad que estamos viviendo, acá y en muchas partes del mundo, con el avance de grupos conservadores y ultraconservadores que insisten en retroceder derechos que costaron décadas conquistar. No recuerdo haber sentido antes este nivel de cansancio colectivo, esta mezcla de impotencia y la sensación de que el margen para frenar lo que está pasando se estrecha cada día.

Me lo pregunto seguido: ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué hay tanto empeño en que nada cambie? ¿Por qué algunos avances se leen como amenaza, mientras otros se celebran como progreso incuestionable? Cuando alguien dice “antes se vivía mejor”, no puedo evitar preguntar: ¿mejor para quién?

Recuerdo que en los años 90 veía un programa en la televisión —Ventana hacia el futuro o Más allá del 2000, ya no lo recuerdo bien— que me fascinaba. Mostraban los avances científicos que vendrían con el cambio de milenio: curas para enfermedades, transporte más eficiente, ciudades más habitables, medidas ecológicas, mayor calidad y esperanza de vida.

Ese imaginario me hacía pensar en un futuro prometedor, lleno de posibilidades.

Han pasado ya 25 años desde el año 2000. Un cuarto de siglo.

Y aunque es innegable que ha habido avances enormes en medicina, tecnología y ciencia, al mismo tiempo sigo escuchando —con distintos nombres y rostros— a muchos hombres diciéndonos que nuestro lugar es la cocina, que mejor sumisas, complacientes y calladitas nos vemos más bonitas (odio profundamente esa frase). Que lo peor que nos puede pasar es quedarnos solas con gatos, condenadas a una infelicidad eterna. Si te contara lo “feliz” que era mi abuela.

En este escenario, el negacionismo, el creacionismo, los discursos antivacunas, las teorías conspirativas y la desinformación están más fuertes que nunca. Todo amparado bajo una idea de “libertad de expresión” entendida como permiso para decir cualquier cosa sin responsabilidad.

Pero no todo es opinión. No todo es debate. No es libertad de expresión cuando se incita a la violencia, se deshumaniza, se estigmatiza o se atenta contra los derechos de otras personas.

La saturación de medias verdades y mentiras abiertas vuelve todo confuso, intercambiable, irrelevante. Y entonces aparece la pregunta inevitable:

¿Qué hacemos con todo esto?

A veces me siento con las manos atadas. Algunas personas hablan de resistir, otras de cuestionar, de promover pensamiento crítico. Y sí, todo eso importa. Pero también requiere tiempo, energía, recursos que no todas tenemos. Además, puede ser un camino solitario y desgastante.

Tengo la suerte de no estar sola. De tener personas con quienes compartir este cansancio. Y trato de buscar la grieta, el intersticio, la forma de habitar la incertidumbre. Como me dijo una paciente una vez: “Prefiero saber y lidiar con eso, que no saber y aun así sentir que algo no funciona.”

Quizás no pueda repararlo todo. Quizás no pueda cambiarlo.

Pero puedo nombrarlo. Compartirlo.

Y a veces, eso alcanza para no sentirse tan sola.

Este número de Umbrígnea, como los anteriores, está dedicado a eso que nos genera culpa, insatisfacción, exigencia y control. A entender de dónde vienen esas narrativas y, tal vez, ver qué hacemos con ellas.

No prometo soluciones. No prometo alivio inmediato. Solo abrir preguntas, poner palabras donde suele haber silencio.

No te pido que me creas. Puedes cuestionar todo lo que aquí leas, refutarlo, incomodarte, incluso enojarte. Está bien.

Esto no es una verdad absoluta. Es una conversación.

Gracias por seguir acá. Empezamos.

Descarga el Tercer número de la revista a continuación:

UMBRIGNEA-03-Diciembre-2025

Espero que lo disfrutes.

Cualquier duda, aporte o comentario lo puedes hacer a través de mis redes sociales o si quieres puedes escribirme a larociokinesiologa@gmail.com